Wednesday, March 21, 2007

SEGUNDA TEMPORADA

La casa Alba o la otra orilla del mar
Dirección Edgardo Dib

Funciones 2007: VIERNES 21 hs.

Manufactura Papelera – Bolivar 1582
Reservas: 4307-9167

Tuesday, October 31, 2006

DIRECTOR Y ADAPTADOR OSADO AUNQUE RESPETUOSO DEL ORIGINAL

Buenos Aires, 30 de octubre (Télam, por Héctor Puyo).- La obra "La casa Alba, o la otra orilla del mar", versión libre de "La
casa de Bernarda Alba", de Federico García Lorca, marca el ingreso en la escena porteña del muy interesante adaptador y director santafecino Edgardo Dib, y se puede apreciar en La Manufactura Papelera (Bolívar 1582), los miércoles a las 21.
El espectáculo se hace atractivo desde el vamos, cuando el espectador es guiado a una planta alta desde donde se observa a
las siete actrices de la familia -abuela, madre, hijas- mientras La Poncia (Marta Montero) le informa sobre lo que se va a ver.
El recurso es interesante, porque Dib transforma a la emblemática criada en cronista privilegiada y le da un protagonismo tangencial, del mismo modo que moldea de forma no tradicional a la abuela (Liana Müller) con evidente pericia.
Luego del prólogo, el público accede a la sala propiamente dicha, en la que los asientos bordean una escueta circunferencia
de sal, de poco más de dos metros de diámetro, en que los personajes dirimen su historia. Hay alrededor numerosos recipientes de vidrio con agua, de evidente simbología, y allí las actrices -salvo una excepción- permanecen durante toda la representación, creando microespacios para las acciones, en una concepción casi coreográfica. El ámbito de La Manufactura es de por sí muy atractivo como escenario no convencional y Dib lo usa con encanto, el mismo que puso en una versión del "Tío Vania" chejoviano estrenado en Rosario en 2004 y visto en Río Negro durante la Fiesta Nacional del Teatro, en marzo de 2005. En aquella oportunidad, los actores deambulaban entre pequeños agrupamientos de espectadores, y aquí están casi en sus narices, porque lo que interesa en crear una intimidad entre oficiantes y el público imposible en una sala tradicional. El tema de "La casa Alba" es por supuesto el del original de Lorca sobre la presencia de la muerte, la represión y el deseo en una casa de mujeres solas en los pueblos blancos españoles, que abre con una muerte (natural) y cierra con otra (voluntaria). Dib se apropia de un grupo de actrices de pareja ductilidad, en el que Stella Brandolín debe luchar por imponer su autoridad como la viuda Bernarda, porque sus hijas no son todo lo mansas que se espera y La Poncia es un contrapeso difícil. Una de las mayores virtudes de la adaptación es el respeto al lenguaje del granadino, con esas poéticas metáforas que le afloran como cascadas y que, sobre todo Montero, desgrana con un fraseo ejemplar.
La puesta de Dib, que contiene una iluminación de Leandra Rodríguez de impensables reflejos, tiene la particularidad de mantener al espectador -aun aquel desconocedor del texto original- en un creciente estado de seducción. Esa presencia tanática del padre muerto, del amo muerto al que Lorca denuncia en su violencia contra la mujer en una España que parece no haber cambiado tanto, se equilibra con el deseo de las hijas por Pepe el Romano, personaje elusivo. No hay aquí un desnudo a contrapelo, como el tan discutido de una versión vista en el San Martín en 2003, sino otro, bello y funcional, que da cuenta de lo que hay que saber de puesta teatral para lograr un remate impactante. (Télam).-

Hector Puyo

10/30/106 18-52

Tuesday, October 24, 2006

“La Casa Alba”. El universo Lorquiano se aposenta en San Telmo


La casa (de Bernarda) Alba fue escrita por Federico García Lorca en la primavera de 1936, al parecer en pocos días, en la casa de verano de su familia en Granada. Fue la última obra de Lorca, ya que poco después sobrevino su asesinato a manos del ejército franquista. La génesis de la obra tuvo su punto de partida en figuras reales: una tal Frasquita Alba y sus hijas, cuya casa era colindante de la que tenían los Lorca en Valderrubio.
Tras la muerte de su segundo marido, Bernarda Alba impone a sus cinco hijas, como luto, una larga y rigurosa reclusión. Se trata de la exageración de una costumbre real, de una tradición llevada a extremos increíbles. Pero esa misma exageración, ese exceso sitúa la obra en el plano de lo legendario, de lo simbólico, del mito.
En esa situación límite los conflictos, las fuerzas, las pasiones se agrandarán, se desarrollarán hasta la exasperación. Catalizador de las fuerzas encerradas en la casa será la figura de Pepe el Romano, pretendiente o novio de Angustias, hija mayor y heredera, pero atraído por la juventud y belleza de Adela, la menor, y amado, a su vez, por Martirio, otra de las hijas de Bernarda.
Tal es la situación de la que arranca Lorca para dar cuerpo dramático a su temática más personal y profunda. Se ha dicho que el tema central de la obra es el enfrentamiento entre autoridad y libertad o el conflicto entre la realidad y el deseo. Frente al autoritarismo y la represión representada por Bernarda Alba, las hijas encarnarán una gama de actitudes que van de la más pasiva sumisión, frustrante, a la rebeldía más abierta, imposible.
La acción se desarrolla en la casa de Bernarda Alba, un espacio cerrado que transmite una atmósfera sofocante. Es el mundo del luto, del silencio, de la ocultación, en fin, un espacio propicio para situaciones límite. El pueblo en el que tiene lugar la acción es considerado como un mal pueblo por tener pozos en lugar de río. En este caso el río simboliza la fuerza vital, el erotismo, mientras el pozo indica claramente la muerte.
La obra se puede estructurar en tres actos si atendemos a su estructura externa. Se aprecian tres partes distintas en la obra. Primero aparece una exposición de la situación, una localización espacio-temporal y una presentación de los personajes. Se dice que ha muerto el señor Alba y que Bernarda va a imponer el luto en su familia. En la segunda parte, el desarrollo, se anuncia la boda de Angustias con Pepe el Romano y a partir de este momento la tensión va en aumento. Se muestran las envidias y amores de las demás hermanas, aparece el misterio de las ventanas y de los encuentros nocturnos. El momento cumbre es cuando se desvela que Adela y Pepe habían mantenido una relación. La última parte, el desenlace, tiene un final trágico, el suicidio de Adela al creer ésta que su madre ha matado a su amado Pepe.
Hasta aquí Lorca y la información necesaria para el espectador. Cuando éste se adentre en el espectáculo, invitado a ser parte del mismo por la Poncia, único personaje ajeno a la familia pero que en su condición de sirvienta de muchos años es cómplice de quien asiste al desarrollo de la obra, se encontrará con ese universo lorquiano al que hacíamos referencia. En mérito a una puesta que hubiera conmovido al propio Federico, Edgardo Dib desarrolla el drama en un círculo de poco menos de 4 metros de diámetro, en el que mágicamente se mueven las ocho mujeres que participan del mismo. Y los tres actos se resumen en una continuidad de luces y sombras, de no estar sin salir de escena, del tránsito de quietas confidencias a convulsas situaciones en las que el drama se manifiesta en toda su intensidad. A poco de iniciada la acción, ese círculo de sal que limita la escena se esfuma y el espectador “verá” el patio, las habitaciones, la sala mortuoria, el establo y hasta el entorno pueblerino. Tal la convicción que director y actrices imponen al espectador, que rápidamente se siente partícipe inmóvil de ese drama que se desarrolla frente a sus ojos, como si fuese uno más de ese pueblo sin río. Y cuando llega el desgarrador final el espectador no sabrá si ha dejado de serlo, tan posesiva resulta la puesta, que cuenta con una actuación soberbia de ocho actrices que todo lo hacen bien: convincentes cuando actúan y aún cuando no lo hacen, porque su no presencia virtual también juega en la puesta, que se va desarrollando como un mágico carrusel en el que ningún movimiento es gratuito; por el contrario, resulta admirable el maravilloso sincronismo que permite que las intérpretes estén todo el tiempo en escena, ocupando en cada momento el lugar exacto y utilizando el discurso convincente que hace de esta versión de La Casa de Bernarda Alba una pieza para el recuerdo. San Telmo, agradecido.

Critica de la obra por www.imaginaciontapada.com.ar

Link para ver la nota:
http://www.imaginacionatrapada.com.ar/Teatro/la_casa_alba.htm

ESTRENO!!!



La casa Alba
o la otra orilla del mar

El próximo miércoles 4 de octubre a las 21 hs. en Manufactura Papelera - Bolivar 1582-, se presentará una nueva versión de La casa de Bernarda Alba, el clásico de Federico García Lorca, en una original puesta con dirección de Edgardo Dib.

Al cumplirse 70 años del fallecimiento de Lorca, el Grupo Gente de Teatro emprende la difícil tarea de bucear nuevamente en este texto tan significativo del poeta español.
La casa Alba o la otra orilla del mar propone una mirada asfixiante sobre la ferocidad del deseo a través del encuentro de lo contemporáneo con lo clásico.
Bernarda es entonces una mujer presa de los mandatos sociales que aún puede registrar en su cuerpo la memoria de la pasión. Adela, su hija menor, en la satisfacción de su deseo transitará también el camino de la culpa.
En esta puesta, el espacio es circular y el público rodea la escena: son los espectadores quienes abrazan la casa de las Alba. Adentro se encierran y ocultan las pasiones, se acalla el deseo que, inevitablemente, quiere echarse a correr por las calles o saciarse a la orilla del mar. Es el afuera –en la puesta de Dib marcado por el público mismo– el que ve, espía lo que en esa casa sucede.

El diseño de iluminación creado por Leandra Rodríguez complementa y colabora en la creación de los climas y situaciones que se desarrollan paredes adentro en la casa Alba.
Así, la puesta pone su acento en el trabajo del actor y su vínculo con lo espacial y en valorizar la palabra lorquiana. Actor, espacio y palabra son los pilares de este espectáculo.

Dice Dib sobre su diseño de puesta escénica: “trabajé sobre la idea de un espacio donde la mirada del espectador es central y constitutiva y donde todos los personajes comparten un pequeño y asfixiante espacio del que no pueden salir y en el que quedan obligados a la presencia permanente frente a la mirada del afuera.”

Teatrista santafesino de veinte años de trayectoria ahora radicado en Buenos Aires, Edgardo Dib, director de este proyecto, tiene un largo y productivo vínculo con los textos de García Lorca habiendo trabajado sobre ellos como actor, director, docente e investigador.
La casa Alba
o la otra orilla del mar
Dirección Edgardo Dib
Estreno miércoles 4 de octubre, 21 hs.
Funciones: miércoles 21 hs.
Manufactura Papelera – Bolivar 1582
Reservas: 4307-9167
Entradas $ 12 /Desc. jubilados y estudiantes

Ficha técnica
Elenco
Stella Brandolin ● Marta Montero ● Liana Muller ● Erica Spósito ● Julieta Vigo
● Sandra Grandinetti ● Mariana Gutierrez ● Araceli Haberland

Diseño de iluminación Leandra Rodríguez
Diseño de Vestuario y espacio escénico Edgardo Dib
Realización de Vestuario Susana Sánchez
Diseño Gráfico Esteban Caffini
Realización de sonido Martín Lavini
Fotografía Juan Marcelo Baiardi
Asistencia de dirección Araceli Haberland y Stella Brandolin
Producción Ejecutiva Luciana Zylberberg

Friday, September 22, 2006

Wednesday, September 20, 2006

¿Por qué “La casa de Bernarda Alba” hoy?

A lo largo de mi andar como teatrista, la voz de Federico García Lorca, este poeta y dramaturgo de verde carne, pelo verde ha resonado una y otra vez.
Desde aquel taller de actuación sobre “Bodas de sangre” a fines de los ’80, en el que la actriz Teresita Itiriarte me hizo conocer el extraño encanto del personaje de La Luna, hasta hoy, Lorca me persigue, me ronda, me muerde, como un lobo moribundo que quiere seguir aullando en mi escena.
Así, se sucedieron investigaciones sobre su dramaturgia en los talleres de actuación que dicté, en la tesis para Literatura Española en el profesorado en Letras de Santa Fe, y durante las tres temporadas de la puesta de Sergio Abbate de “La casa de Bernarda Alba” donde, gritando ¡Le quiero! con el pecho roto como una granada de amargura, aferrado a una columna en ese patio plagado de jazmines y estrellas, fui feliz en la piel de Martirio.
Hoy, ya viviendo en Buenos Aires, en medio de tanta ciudad y tanto cambio, me reencuentro con la casa Alba pero esta vez como director.
A mi parecer, este texto habla del deseo, de la imposibilidad de consumarlo y a la vez de detenerlo. De aquello que es tan inasible, tan gigante que ni el espectador llega a ver y sin embargo ahí fuera está, respirando como si fuera un león.
Habla de la violencia. Violencia para acallar lo que se dice y se hace. Violencia para silenciar lo que nos muerde por dentro. Violencia porque el prohibido deseo hace temer y hace actuar. Habla de lo que no se habla. O de lo que no se debe hablar. Así, el otro al que se ama, la hermana – o el hermano –, la madre – o el padre –, es un extraño al que no se le puede confesar el propio deseo. Y, entonces: te veo como si no te hubiera visto nunca.
Desde mi perspectiva, este texto de Lorca tematiza también la mirada del otro, su recorte, la implicancia que ésta tiene como aprobación o censura cuando se relaciona directamente con el deseo. Por eso he trabajado una idea de puesta escénica donde la mirada, el lugar del espectador es central y constitutiva, y un esquema en el que todos los personajes comparten un pequeño y asfixiante espacio del que no pueden salir y en el que quedan obligados a la presencia permanente frente a la mirada del afuera.
Pero al mismo tiempo, nuestra propuesta plantea la invisibilidad del otro (nos referimos a las mujeres que habitan la casa Alba) que sólo puede superarse y convertirse en encuentro cuando la palabra enfrenta a los personajes. He ahí la revalorización de la palabra lorquiana en esta puesta. Por eso también el encierro de Josefa: con esta medida Bernarda intenta borrar su presencia -y con ella la corporización del deseo como tal- y acallar su voz. Lo mismo sucede con las hijas, cuando la palabra y el mandato ya no bastan, cuando la presencia del otro resulta inevitable, la única opción es el encierro. Pero luego, aquello que es forzado a callar estalla y se convierte en una tormenta en cada cuarto.

Uno de los objetivos centrales del trabajo gira en torno a ahondar sobre el perfil del personaje de Bernarda aspirando a llevarlo a escena respetando su complejidad: esta mujer que padece la pérdida de su hombre (enviuda por segunda vez), la bancarrota en la que aquel la ha dejado y la forzada convivencia que implicará contener a sus cinco hijas mientras atraviesan los años de su plenitud sexual. En nuestra propuesta, Bernarda será interpretada por una actriz que rompe -incluso desde su physique du rol- con la imagen tradicional de mujer entrada en años con la que se suele identificar al personaje.

Personalmente, creo leer en este texto de Lorca lo que hoy sucede en las calles, en las casas, y a las gentes, y hasta al aire; allí el valor de un clásico: su permanencia, su coexistencia con la contemporaneidad. Desentrañar cómo se pone en escena hoy la palabra de Federico es nuestro objetivo, nuestro deseo, este fuego que tengo (tenemos) levantado por piernas y boca. Un deseo de arte e investigación que no concluye con Bernarda y sus hijas, sino que ya se está abriendo paso entre esta Gente de Teatro (nombre que identifica a la cooperativa) hacia otros rumbos, otros proyectos donde lo clásico y lo contemporáneo confluyen para contar sobre el hombre de estos días con las palabras de otros tiempos.
¿Por qué Bernarda? Porque… ¡Bernarda, por esto, por aquello, por lo otro!


EDGARDO DIB
Director

NOTA: la bastardilla responde a citas textuales de la obra de García Lorca.

Visión artística del espectáculo

La puesta en escena

El planteo de la puesta se condensa en un espacio escénico circular, estableciéndose también el espacio del público del mismo modo; son los espectadores quienes abrazan, rodean esta “casa de las Alba”. Así queda instaurado uno de los conflictos isotópicos del texto dramático: el adentro versus el afuera.
En el adentro de la casa de Bernarda se encierran y/o se ocultan las pasiones, se acalla el deseo que, inevitablemente, quiere echarse a correr por las calles o saciarse a la orilla del mar.
Es el afuera –en la puesta, el espacio de la recepción– el que ve, espía lo que en esta casa sucede; allí se sella un “deber ser” dictado por la tradición socio-cultural; el afuera es también donde la vida sucede y despierta el deseo: allí conviven por ejemplo, Pepe el romano, los hombres de la cosecha y la fatal “caza” de la hija de la Librada. La coexistencia de los pares vida-muerte, deseo-represión que se instala en el pueblo –el público– encuentra su correlato metonímico en la casa de las Alba, en el juego de opositores actanciales Adela y Josefa vs. Bernarda y Martirio.
Uno de los ejes centrales de investigación de este proyecto gira sobre el abordaje del conflicto desde una búsqueda actoral que diste de la construcción de personajes monolíticos y extremos. Una Bernarda presa de aquellos mandatos sociales y que aún puede registrar en su cuerpo la memoria de la pasión y una Adela que en la satisfacción de su deseo, transita también el camino de la culpa. Y en el devenir entre una y otra, las hermanas y Poncia. Finalmente, la puesta en acción de una abuela, Josefa, omnipresente e invisible para quienes no la quieren ver. En el planteo de texto espectacular que hacemos, este personaje vive su confinamiento -y lo hace signo- a través de un eterno deambular dentro del círculo del encierro.

El planteo espacial apuesta a un ámbito vacío y restringido en sus dimensiones –un círculo de 3,50 mts. de diámetro–, cuyo perímetro está delimitado por una línea de sal. Desde el planteo de la puesta, ésta figura remite al espacio primitivo de representación (el rito y el acto de sacrificio), al eterno devenir del destino (en palabras del personaje de Martirio: “…Pero las cosas se repiten. Y veo que todo es una terrible repetición. Y ella tiene el mismo sino de su madre y de su abuela…”) y del fluir constante del agua, a la circularidad de una perla y del anillo de compromiso; del pozo de agua, de la luna, la rueda y la madeja – lexemas reiterados en el corpus lírico-dramático de García Lorca-, a la constante recurrencia en la poesía lorquiana de vocales abiertas o fuertes, creándose un tejido rítmico-fonético que nos remite a la continuidad, a lo circular, al ciclo vital de las generaciones que se suceden unas a otras, al movimiento sideral de la tierra y los astros, en donde el hombre sigue la marca de su sino.
El uso de la sal apela a la metáfora escénica de la provocación al deseo (la sed, la necesidad instintiva de llegar al agua), la sal del mar y conjuntamente de la aridez de los desiertos; la sal que provoca ardor en las heridas, la blancura de las paredes de la casa, de las pieles vírgenes, del resplandor lunar y del presagio funesto:

Amelia: Ya has derramado la sal.
Magdalena: Peor suerte que la que tienes no vas a tener.
Amelia: Siempre trae mala sombra.

Dentro de este espacio despojado, sólo un dispositivo escénico gana protagonismo: un prisma hueco de madera que hace las veces de rústico banco y que pertenece exclusivamente al personaje de Bernarda.
Por fuera del espacio, circunvalándolo y como signo de lo deseado –línea de sal mediante–, variados recipientes de cristal con agua, a los cuales los personajes tratan de acceder en el transcurso del relato.

El modo de trabajo

La puesta en acción del texto dramático se desarrolla en un espacio vacío, apostando a la austeridad en cuanto a dispositivos escénicos y/o utilería respecta.
Definiéndolo desde un marco conceptual -y citando a Patrice Pavis para ello- se señalaría que el espacio transita un devenir entre el espacio de la tragedia clásica (neutro, que no caracteriza el medio ambiente) y el simbolista (desmaterializado, estilización en un universo subjetivo, síntesis de artes escénicas).
Así, la propuesta pone su acento en el trabajo actoral en sí mismo, en el actor y su vínculo con lo espacial y en valorizar la palabra lorquiana. Actor (cuerpo, voz, emoción), espacio y palabra son los pilares de esta puesta y disparadores de acción dramática. En función de esos paradigmas se construye la investigación escénica y actoral que conlleva ésta, nuestra casa de Bernarda Alba.

1 Pavis, P. Diccionario del Teatro, Paidós, Barcelona 1998.

Friday, September 15, 2006