Friday, September 22, 2006

Wednesday, September 20, 2006

¿Por qué “La casa de Bernarda Alba” hoy?

A lo largo de mi andar como teatrista, la voz de Federico García Lorca, este poeta y dramaturgo de verde carne, pelo verde ha resonado una y otra vez.
Desde aquel taller de actuación sobre “Bodas de sangre” a fines de los ’80, en el que la actriz Teresita Itiriarte me hizo conocer el extraño encanto del personaje de La Luna, hasta hoy, Lorca me persigue, me ronda, me muerde, como un lobo moribundo que quiere seguir aullando en mi escena.
Así, se sucedieron investigaciones sobre su dramaturgia en los talleres de actuación que dicté, en la tesis para Literatura Española en el profesorado en Letras de Santa Fe, y durante las tres temporadas de la puesta de Sergio Abbate de “La casa de Bernarda Alba” donde, gritando ¡Le quiero! con el pecho roto como una granada de amargura, aferrado a una columna en ese patio plagado de jazmines y estrellas, fui feliz en la piel de Martirio.
Hoy, ya viviendo en Buenos Aires, en medio de tanta ciudad y tanto cambio, me reencuentro con la casa Alba pero esta vez como director.
A mi parecer, este texto habla del deseo, de la imposibilidad de consumarlo y a la vez de detenerlo. De aquello que es tan inasible, tan gigante que ni el espectador llega a ver y sin embargo ahí fuera está, respirando como si fuera un león.
Habla de la violencia. Violencia para acallar lo que se dice y se hace. Violencia para silenciar lo que nos muerde por dentro. Violencia porque el prohibido deseo hace temer y hace actuar. Habla de lo que no se habla. O de lo que no se debe hablar. Así, el otro al que se ama, la hermana – o el hermano –, la madre – o el padre –, es un extraño al que no se le puede confesar el propio deseo. Y, entonces: te veo como si no te hubiera visto nunca.
Desde mi perspectiva, este texto de Lorca tematiza también la mirada del otro, su recorte, la implicancia que ésta tiene como aprobación o censura cuando se relaciona directamente con el deseo. Por eso he trabajado una idea de puesta escénica donde la mirada, el lugar del espectador es central y constitutiva, y un esquema en el que todos los personajes comparten un pequeño y asfixiante espacio del que no pueden salir y en el que quedan obligados a la presencia permanente frente a la mirada del afuera.
Pero al mismo tiempo, nuestra propuesta plantea la invisibilidad del otro (nos referimos a las mujeres que habitan la casa Alba) que sólo puede superarse y convertirse en encuentro cuando la palabra enfrenta a los personajes. He ahí la revalorización de la palabra lorquiana en esta puesta. Por eso también el encierro de Josefa: con esta medida Bernarda intenta borrar su presencia -y con ella la corporización del deseo como tal- y acallar su voz. Lo mismo sucede con las hijas, cuando la palabra y el mandato ya no bastan, cuando la presencia del otro resulta inevitable, la única opción es el encierro. Pero luego, aquello que es forzado a callar estalla y se convierte en una tormenta en cada cuarto.

Uno de los objetivos centrales del trabajo gira en torno a ahondar sobre el perfil del personaje de Bernarda aspirando a llevarlo a escena respetando su complejidad: esta mujer que padece la pérdida de su hombre (enviuda por segunda vez), la bancarrota en la que aquel la ha dejado y la forzada convivencia que implicará contener a sus cinco hijas mientras atraviesan los años de su plenitud sexual. En nuestra propuesta, Bernarda será interpretada por una actriz que rompe -incluso desde su physique du rol- con la imagen tradicional de mujer entrada en años con la que se suele identificar al personaje.

Personalmente, creo leer en este texto de Lorca lo que hoy sucede en las calles, en las casas, y a las gentes, y hasta al aire; allí el valor de un clásico: su permanencia, su coexistencia con la contemporaneidad. Desentrañar cómo se pone en escena hoy la palabra de Federico es nuestro objetivo, nuestro deseo, este fuego que tengo (tenemos) levantado por piernas y boca. Un deseo de arte e investigación que no concluye con Bernarda y sus hijas, sino que ya se está abriendo paso entre esta Gente de Teatro (nombre que identifica a la cooperativa) hacia otros rumbos, otros proyectos donde lo clásico y lo contemporáneo confluyen para contar sobre el hombre de estos días con las palabras de otros tiempos.
¿Por qué Bernarda? Porque… ¡Bernarda, por esto, por aquello, por lo otro!


EDGARDO DIB
Director

NOTA: la bastardilla responde a citas textuales de la obra de García Lorca.

Visión artística del espectáculo

La puesta en escena

El planteo de la puesta se condensa en un espacio escénico circular, estableciéndose también el espacio del público del mismo modo; son los espectadores quienes abrazan, rodean esta “casa de las Alba”. Así queda instaurado uno de los conflictos isotópicos del texto dramático: el adentro versus el afuera.
En el adentro de la casa de Bernarda se encierran y/o se ocultan las pasiones, se acalla el deseo que, inevitablemente, quiere echarse a correr por las calles o saciarse a la orilla del mar.
Es el afuera –en la puesta, el espacio de la recepción– el que ve, espía lo que en esta casa sucede; allí se sella un “deber ser” dictado por la tradición socio-cultural; el afuera es también donde la vida sucede y despierta el deseo: allí conviven por ejemplo, Pepe el romano, los hombres de la cosecha y la fatal “caza” de la hija de la Librada. La coexistencia de los pares vida-muerte, deseo-represión que se instala en el pueblo –el público– encuentra su correlato metonímico en la casa de las Alba, en el juego de opositores actanciales Adela y Josefa vs. Bernarda y Martirio.
Uno de los ejes centrales de investigación de este proyecto gira sobre el abordaje del conflicto desde una búsqueda actoral que diste de la construcción de personajes monolíticos y extremos. Una Bernarda presa de aquellos mandatos sociales y que aún puede registrar en su cuerpo la memoria de la pasión y una Adela que en la satisfacción de su deseo, transita también el camino de la culpa. Y en el devenir entre una y otra, las hermanas y Poncia. Finalmente, la puesta en acción de una abuela, Josefa, omnipresente e invisible para quienes no la quieren ver. En el planteo de texto espectacular que hacemos, este personaje vive su confinamiento -y lo hace signo- a través de un eterno deambular dentro del círculo del encierro.

El planteo espacial apuesta a un ámbito vacío y restringido en sus dimensiones –un círculo de 3,50 mts. de diámetro–, cuyo perímetro está delimitado por una línea de sal. Desde el planteo de la puesta, ésta figura remite al espacio primitivo de representación (el rito y el acto de sacrificio), al eterno devenir del destino (en palabras del personaje de Martirio: “…Pero las cosas se repiten. Y veo que todo es una terrible repetición. Y ella tiene el mismo sino de su madre y de su abuela…”) y del fluir constante del agua, a la circularidad de una perla y del anillo de compromiso; del pozo de agua, de la luna, la rueda y la madeja – lexemas reiterados en el corpus lírico-dramático de García Lorca-, a la constante recurrencia en la poesía lorquiana de vocales abiertas o fuertes, creándose un tejido rítmico-fonético que nos remite a la continuidad, a lo circular, al ciclo vital de las generaciones que se suceden unas a otras, al movimiento sideral de la tierra y los astros, en donde el hombre sigue la marca de su sino.
El uso de la sal apela a la metáfora escénica de la provocación al deseo (la sed, la necesidad instintiva de llegar al agua), la sal del mar y conjuntamente de la aridez de los desiertos; la sal que provoca ardor en las heridas, la blancura de las paredes de la casa, de las pieles vírgenes, del resplandor lunar y del presagio funesto:

Amelia: Ya has derramado la sal.
Magdalena: Peor suerte que la que tienes no vas a tener.
Amelia: Siempre trae mala sombra.

Dentro de este espacio despojado, sólo un dispositivo escénico gana protagonismo: un prisma hueco de madera que hace las veces de rústico banco y que pertenece exclusivamente al personaje de Bernarda.
Por fuera del espacio, circunvalándolo y como signo de lo deseado –línea de sal mediante–, variados recipientes de cristal con agua, a los cuales los personajes tratan de acceder en el transcurso del relato.

El modo de trabajo

La puesta en acción del texto dramático se desarrolla en un espacio vacío, apostando a la austeridad en cuanto a dispositivos escénicos y/o utilería respecta.
Definiéndolo desde un marco conceptual -y citando a Patrice Pavis para ello- se señalaría que el espacio transita un devenir entre el espacio de la tragedia clásica (neutro, que no caracteriza el medio ambiente) y el simbolista (desmaterializado, estilización en un universo subjetivo, síntesis de artes escénicas).
Así, la propuesta pone su acento en el trabajo actoral en sí mismo, en el actor y su vínculo con lo espacial y en valorizar la palabra lorquiana. Actor (cuerpo, voz, emoción), espacio y palabra son los pilares de esta puesta y disparadores de acción dramática. En función de esos paradigmas se construye la investigación escénica y actoral que conlleva ésta, nuestra casa de Bernarda Alba.

1 Pavis, P. Diccionario del Teatro, Paidós, Barcelona 1998.

Friday, September 15, 2006